Constantemente giro inconsciente en el laberinto de tus deseos,
obvios, escurridizos, suavemente persuasivos. Incontrolables demostraciones de cariño, que nacen, viven y no desean morir,
recorren mis dedos, se traducen en abrazos, trasmutan a suspiros.
Las yemas de tus dedos me acarician sin cansancio hasta dejar polarizada mi piel,
solo queda entre tu yo este campo magnético, corrientes eléctricas que atraviesan hasta llegar a los tejidos, erizando todos mis sentidos.
Y me ciegan tus caricias al punto de encontrarme inmóvil entre ellas,
sin juzgarlas, sin reproches, las siento puras, simplemente tienen que ser.
Me sumerjo en el efecto que tienen en mi,
inocente, tanto que podría ser mal interpretado y confundido.
No existe tiempo y a veces pierdo el hilo de las palabras,
por estar entretenida en el roce de tus manos ,
por estar mareada con la sangre que recorre mi cuerpo,
rápida y entrecortada circulación que por instantes detiene el corazon y luego lo hace latir más rápido, más fuerte, mientras mi voluntad más lejos, más tenue.
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