lunes, 4 de julio de 2011

28 sett 2008

La lluvia mojo el último intento de huir,
resbalaron mis manos en el momento en que quise colocarlas en tu pecho para tomar distancia y detener el impulso que tuvieron tus labios en besarme y tu cuerpo de acercarse.
Se ahogaron las ganas a resistirme a tus manos, que sorprenden mi espalda, a ese húmedo y tibio susurro que acaricia detrás de mi oído; 
con los poros a flor de piel, te deje entrar, me deje caer. 
Me tiré a la profundidad de los cosquilleos que invadían mi cuello y recorrieron mi cuerpo buscando la manera de convencer mi razón, el tiempo se agota y sucumbe ante tu soberbia forma de mirarme, de tomarme, de acariciarme.
Gotas de lluvia, frías y dulces recorren mi piel, se deslizan en dirección opuesta a tus manos que lentamente suben por mis muslos, mientras acercas aun mas tu cuerpo al mío, ya no hay espacio entre tú y yo, solo faltan la falta de ganas, solo queda la marea que me arrastra hacia tus caricias y tu deseo. Termino de convencerme y me arrebato a amarte.
Bajo la lluvia empapo mis ganas de amarte y el deseo se apodera de mi piel, no logro ver claramente solo el brillo de tus ojos ilumina mi locura, solo tu mirada inspiran mis besos. 
No existe más nada, no siento más nada, ni escucho, solo el frenesí de este beso, el contacto con tu cuerpo, las gotas de agua y su sonido, no temo si no al que te alejes, a que la lluvia cese y muera con su fin la magia de tenerte.

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